A veces paras en seco, y el estómago es víctima de una sensación indeterminada. Los ojos se  quedan estáticos, y con la mirada fija, piensas. Ocurre que hay muy poco que convence, te molesta cualquier gesto, incluso cualquier consuelo. Sólo se te apetece estar con una persona en cualquier lugar íntimo y mirar el techo, ese techo que siempre es fiel.

Mueves la cabeza para observar cada rincón, y repites "esto, no me gusta". No hay frases correctas ni conversaciones ocurrentes, no hay un "más allá" que percibir, no hay absolutamente nada. Absurdo. Te sientas, bajas la cabeza, y de repente, te das cuenta que el suelo del lugar es lo más interesante.

No quiero eso.

Quiero Capuccino.