A veces, no nos damos cuenta y discriminamos o no le damos el valor necesario a elementos tan maravillosos como los bancos. Banco, esa palabra polisémica, ha estado durante muchos años oculta tras las cuatro paredes del mundo, y yo, salvaré su dignidad. La RAE la define como Asiento, con respaldo o sin él, en que pueden sentarse varias personas”, no le quito la razón, pero son mucho más que eso.

Resulta que, hay muchos bancos haciendo huelga día y noche en el mismo sitio, bancos que recorren ciudades, bancos de madera, de piedra… Están ahí, no se mueven, nos ven pasar día a día, nos observan, nos sienten, nos permiten el descanso deseado de una dura tarde, acarician nuestras prendas…

Creo firmemente que muchas personas recuerdan bancos en los que vivieron un determinado momento. Los bancos de reunión, los bancos de soledad, los del adiós, los de reencuentros, los bancos de debates, los de las pipas, los de ese abrazo, los de ese beso, los bancos de paz, los que dan al mar, los que desaparecen tras una piedra, los torcidos, los bancos de desengaños, los de confesiones, los que estaban presente cuando surgió esa mirada, los que se ofrecen para que te acuestes tras un mareo, los que escucharon tu carcajada... Ellos, gritan a los cuatro vientos que están ahí, pero pasan desapercibidos, no se les otorga la atención que se merecen.

Están presente en todo momento, son tan fieles como nuestros recuerdos; así que, dicho esto, declaremos: ¡Larga vida a los Asientos, con respaldo o sin él, en que pueden sentarse varias personas!