Ya han salido de su prisión, ya han cumplido su condena, ya mis cuatro cordales han sufrido bastante, y yo también. Entre pastilla y pastilla, no hay respiro, ni suspiro; sólo veo a Morfeo que me regala un onírico estado. Comer helado ya no me satisface ¡Quién lo iba a decir!.


Ya no le tengo miedo al bisturí, ni tampoco a ese dentista que quita muelas como si de su tiempo de ocio se tratase "Anestesia, ¡Listo! Ya está, toma la receta, come helado y abrígate!", otra cosa no, pero un aplauso se merece, pues en ninguna de las extracciones mi cara se ha asemejado a la de Quico del Chavo del Ocho.


Me ofrecía quedarme mis muelas "de recuerdo"...¡es que es tan maravilloso el recuerdo!...no gracias; no me las quedo, ¡faltaría más!, ¿salen de la prisión de mi boca y ahora les encierro en mi casa? no, no que hagan con ellas lo que quieran y que disfruten de su paseo por el vertedero dental, seguro que serán "dientenidos".