La semana anunciada
el 10 jul En: Escribir y no hablar - sin comentarios
A veces, la coma espera ser acompañada por alguna que otra palabra insignificante. A veces, ésta no quiere sentirse desamparada ante el intrigante color blanco, que todo lo asume. Cuando sientes que los días pasan y son tan egoístas que no se paran a preguntarte porqué no te mueves, o porqué no estás a gusto entre esas cuatro paredes, sientes que nada es real; sin precedente alguno, eliges la pastilla roja.
La ausencia de foto en el cuadrado superior izquierdo y los baños de agua fría, componen la mixtura -nosvamosalaplaya- exacta para sentirte como esa coma, esperas y esperas a resolver el misterio de la foto y a que el agua caliente haga su aparición.
Entre uno que muere y otro que nace hay una transición de silencio y llanto; una sensación de extrañeza que no duele ni tampoco se lamenta, un recuerdo muy lejano. A ti te lo anuncian, alguien te visita, te susurra lo que pasará, alguien decide que eres “la elegida” para predecir el mañana. Al final, sólo piensas que todo parece ser una mala gestión de esos administrativos incompetentes, que no cogen el teléfono, que no saben lo que les pides, que no saben escribir con más de dos dedos en el teclado Qwerty.
Mientras tanto, corres, corres, caminas, corres, caminas, te cansas, respiras, ÉL, lees, Catedral del mar, películas, ÉL, capítulos, “plin, plan”, sueñas, ÉL, aborreces, “Cassiope, ¿por qué cuando nadas te chocas con las piedras?”, ÉL, vuelves a correr, ducha de agua fría. Tú, tú, tú, tú…y yo.

Escribe un comentario